Descalzos a través de Mauritania
Descalzos a través de Mauritania — Odette de Puigaudeau
Es difícil imaginar lo que era el país de los Moros en 1933, cuando dos jóvenes mujeres de la mejor sociedad, tras desembarcar voluntariamente de un langostinero bretón de velas oxidadas en la playa de Puerto Étienne (hoy Nuadibú), deciden perderse en las arenas. Sin misión oficial, sin subvenciones, con poco dinero y casi ningún equipaje: se lanzan a lomos de camellos por pistas desconocidas (recorrerán así varios miles de kilómetros), en una región donde ni siquiera los propios militares franceses se atrevían a patrullar. Aquellas vastas soledades, mal pacificadas, estaban esencialmente en poder de saqueadores locales, guerreros susceptibles que solo vivían del botín de sus rezzou —y que tenían fama de matar sin explicación alguna a los extranjeros lo bastante locos para aventurarse en sus tierras. Contra todo pronóstico, recibirán a las dos temerarias con los honores debidos a los valientes, y pronto forjarán con ellas los lazos de la amistad más estrecha.
Descalzos a través de Mauritania (el libro de culto que dio a conocer a Odette de Puigaudeau en 1936) debe leerse tanto como un canto de amor como una advertencia: el desierto, en efecto, bajo la pluma inspirada de esta mujer (como bajo la de T.E. Lawrence o Isabelle Eberhardt), se revela como el último refugio de la belleza, y el lugar por excelencia donde se inscribe y se nutre nuestra frágil libertad.


